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¡Ese sí que fue un golazo!

  • Foto del escritor: Pemeco
    Pemeco
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Los rápidos pasos de David retumbaron en la escalera bajando de su dormitorio. Con voz ronca y aflautada a la vez -propia de los adolescentes de quince años- y expresión acelerada dijo:

- Abu, no encontré mis botines de fútbol. Sabés dónde pueden estar??

- Hoy tenemos que jugar la final contra los chicos del otro colegio.

 

-Están en el lavadero, los vi sobre el lavarropas -respondió su abuelo y agregó:

-Podés ayudarme antes de irte David??  Quisiera que sostengas la escalera que es poco confiable mientras cuelgo este cuadro.  Para mí es una obra de arte que merece estar en el mejor lugar de la casa.-

 

- No Abu, perdoname pero no puedo. Los chicos me esperan y este partido es muy importante. - Ensayando la mejor de sus sonrisas agregó: -Seguro que me perdonarás, sos un viejito muy bueno.-

 - No te preocupes Davidcito. Si me caigo, te aseguro que más del piso no pasaré -fue la respuesta del abuelo.  Y ambos rieron.

 

David saltando de a dos los escalones de la escalera del edificio, traspasó velozmente la entrada como: “alma que se la lleva el diablo”.

Avanzaba dando grandes zancadas por las dos calles que lo separaban de la cancha.  A medida que se acercaba se oía el bullicio de quienes hace poco habían dejado de ser niños e iban camino a ser los hombres del mañana.  Sus saltos hacían vibrar la tribuna mientras vociferaban alentando al equipo que disputaría el honor del colegio en esa cancha de fútbol.

David sabía que era la gran esperanza de sus compañeros que lo tenían como el héroe de esa jornada que lograría ese campeonato glorioso que, desde el inicio de clases era la charla obligada en los recreos.

Fuerte era la presión que pesaba en el pecho de David al sentir que de él dependía la gloria o el fracaso futbolístico; lo que sería la alegría o la tristeza de sus compañeros y de los docentes de su querido “cole”.

A la vez sonaba en su corazón la graciosa frase de su “Abu”: … más del piso no pasaré…” y se hicieron imborrables las risas que acompañaron la frase.

El partido comenzó y David caminaba la cancha como lo hacía Messi en el Barça, con una gran diferencia; no era la misma concentración del astro argentino lo que hacía caminar a David. Su mente estaba en otro lado.

De repente el wing derecho hizo un gran pase de altura al área contraria y alaridos se escucharon desde la tribuna: ¡¡David, es toda tuya, Hacélo campeón!!!. Vos sabés. Crack!!.

En ese momento David reaccionó y con un pique en profundidad logró llegar a la pelota para bajarla de pecho deslizándola a su pie más hábil, a la vez que un grito de Gol resonó en la tribuna. Sin embargo, ese tiro -que para muchos tenía el destino de la red-, se estampó en el cartel de Coca-Cola que estaba bastante lejos del arco rival.

 

Desde la tribuna se escuchó: -David, No te reconozco!!! Dónde estás!!.

 

David, detuvo su marcha y girando la cabeza hacia la tribuna gritó: “Estoy con mi abuelo colgando una obra de arte en nuestra casa”.

Y mirando hacia el banco de suplentes hizo el típico gesto de los jugadores que piden el cambio, y salió corriendo de la cancha con una gran sonrisa.


Al llegar a la casa abrió rápidamente la puerta: - Abuelito. Acá estoy, colguemos tu obra de arte-

 -Ya la colgué-.  dijo el abuelo con una gran sonrisa, mientras señalaba el marco de la foto donde ese mismo abuelo, con casi quince años menos, con mirada orgullosa sostenía en sus brazos ese pichón de futuro crack del fútbol.


 
 
 

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