top of page
Buscar

Hoy es un día perfecto para ser feliz

He repasado con fruición el último relato publicado por mi buen amigo R.R., que ha dado en llamar "La vejez a mi manera". Conforme progresaba en su lectura, me percaté de que su "manual de instrucciones" también ejercía una influencia tediosa en mi vida diaria. Dice que a su manera intenta sobrevivir a tanta recomendación y sin dilación aporta la panacea: “vivir a mi ritmo”

 Coincido con él en que la alternativa a la vejez no seduce, pues envejecer es un privilegio negado a muchos. Aplaudo la ironía y el rebosante humor vertido en su narrativa, además intuyo que reírse con la vejez es distinto a reírse de ella, la primera humaniza, la segunda excluye. Tú, amigo mío, que conservas ese incisivo sentido del humor, no lo haces porque ignoras la realidad, sino porque has aprendido que la risa es también una forma de resistencia y la ironía bien usada es un acto de rebeldía.


Envejecer con plena acuidad intelectual es un don nato, es como tomar furtivamente una medicina sin receta: convierte los achaques en anécdotas, los olvidos en bromas y la edad en una condecoración invisible.

Pero, ¿Qué es, ser viejo? 

. . . ¿acaso la edad cronológica?

. . . ¿o la edad biológica?

. . . ¿o lo es quien considera que su tarea está cumplida, el que se levanta sin metas y se acuesta sin esperanzas?

Solemos verlo lejano, traumático, e imposible de concebir en nosotros mismos, pero nos llega a todos antes de darnos cuenta. ¿Yo viejo? . . . ¡viejos son los demás!

Eso sí, epítetos no faltan, algunos cariñosos, otros respetuosos, los más, despectivos: abuelo/a, anciano/a, persona mayor, pensionista, 3ª edad, abuelete, añoso/a, senil, vejestorio, dinosaurio, matusalén, etc.

 

Cada cual se desayuna con el apelativo que le resulta más digerible. En mi caso, por poner un ejemplo, me gusta disfrazarlo de JUVENTUDES ACUMULADAS, y de hecho ¡tengo muchas!, a cuál más pintoresca.

Por si acaso, me suscribo a la genial prosa de José Saramago:

<<Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos>>

<<¿Que cuántos años tengo? ¡Eso a quién le importa! Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento>>

Siendo la senectud una etapa natural de la vida, no quiero olvidarme de los enigmas del tiempo, algo intangible que no vemos, tocamos, oímos u olemos, este solo fluye, discurre, nuestra vida transcurre en el tiempo.

 

En mi estéril fantasía por acotarlo, permitidme asomarme al túnel del tiempo, y si quieres te cuento lo que veo:

  • De niño, el tiempo era atemporal, se trataba de gozar el presente, el ahora, con inocencia, con indolencia, sin inhibiciones, con picardía.

  • Cuando joven, pensaba que el día de mañana quedaba lejano, sin darme cuenta de que de pronto se había convertido en el ayer, que era cosa ida, pero sin remordimientos ni recelos.

  • Cuando adulto, intuía que es un bien escaso y un recurso perecedero, que pierdes de vista por estar ocupado en mil avatares y otros menesteres, que sospechas de su fugacidad, pero lo transitas sin detenerte en reflexiones.

  • Ahora, en mi lapso de “juventudes acumuladas”, oigo su llamada.  Aprendí que “la flecha del tiempo” (*) siempre avanza, nunca retrocede, simplemente vuela. Sé que es impaciente y no espera, no hay pausa. Como un puñado de arena fina, se me escurre entre los dedos.

                                                                                                                                                                    

Escucho el tic-tac de un antiguo reloj que gasta minutos y horas, arranco las páginas del calendario que cuelga de la pared, cuando ya ha agotado días y meses. Me pregunto por qué solemos hablar de ganar, perder o ahorrar tiempo, si ni siquiera podemos atesorarlo.

¡Quien pudiera guardar un poco para el futuro! Sí, meter en una hucha los minutos, horas, días, como reserva para épocas de escasez.

El paso del tiempo puede ser trágico, hasta que uno aprende a reírse de él. Reírse del tiempo no es desafiarlo, es pactar con él, conseguir su indulgencia.

 

La tercera edad y su visión en el refranero (fragmento) 

Autor: A. Fernandez Poncela

"Pasando el tiempo, llegamos a viejos"

"Viejo soy y viejo serás: cual me veo, tal te verás"

"Tales fuimos como vos, tales seréis como nos"

"A mis años llegarás, o la vida te costará"

 

(*) frase acuñada por Arthur Eddington (astrónomo y escritor Británico)

 
 
 

Comentarios


Suscríbete a nuestro blog


Si deseas recibir un aviso cuando se publiquen nuevas historias,

o conocer las próximas actividades programadas:

Suscríbete a nuestro blog

bottom of page